Lunes, 4 de Enero de 2010

Aprendió todo lo que pudo de la piscina y después partió hacia otros derroteros. Juan Enrique Escalas (palma 1964) hizo historia en la natación balear, pero apenas saborea el cloro desde que colgó el bañador. <<Hoy por hoy, nadar me pone nervioso. No tengo tiempo para hacerlo como a mí me gustaría, es decir, a tope. Así que no lo hago. Y eso que mis padres siguen nadando y ganan campeonatos de veteranos>>, explica.
Fueron precisamente sus progenitores quienes inyectaron el virus del agua en Juan Enrique y su hermano Rafael, que también triunfó en la natación. <<Mis padres se conocieron en una piscina, en las instalaciones del Club Natación Palma de S’Aigua Dolça. Y allí me enseñó a nadar mi madre>>, relata Juan Enrique, que inició a los siete años una carrera deportiva de 17 temporadas.
Desde el primer momento, entendió que estaba hecho para largas distancias.<<Nos llamaban los leprosos, porque hacíamos muchos metros y salíamos arrugados>>, recuerda sonriente. Y sin embargo, el pequeño de los hermanos Escalas insiste en que nunca se cansó de nadar. <<Además de la parte física, la natación me ha aportado una dosis de disciplina y de responsabilidad que empleo en los otros aspectos de la vida. Es una escuela de personas>>, detalla.
La piscina sirvió de escuela y tres fueron los profesores. Primero Joan Fortuny. Después Marc Schubert, con quien entrenó en Misión Viejo (California) en la temporada 82/83. Y finalmente, el mítico Ron Ballatore, que dirigía el equipo de UCLA en la etapa universitaria de Escalas. Fue precisamente la experiencia americana la que convirtió a Juan Enrique en el mejor español en la larga distancia. Aquel nadador que despuntaba en el Club Natación Palma se modeló como un campeón cuando dejó el CIDE para estudiar el último curso de instituto -entonces COU- en el Centro de Alto Rendimiento de Cerrado Calderón, en Málaga, siguiendo a Joan Fortuny desde Palma. Y el gran salto llegó al año siguiente, cuando se dedica exclusivamente a entrenar en Misión Viejo (California). <<Fue el mejor año de mi carrera>>, afirma rotunda sobre la base de sus resultados: entró en el equipo nacional, batió por primera vez el récord nacional de 400 libres y acabó octavo en 400 y décimo en 1.500 en el Europeo de Roma. <<Ese año nadé 20.000 metros diarios y eso se notaba>>, añade.
La experiencia americana fue tan bien que en el curso 83/84 entró en la universidad de Los Angeles UCLA, donde cuatro años más tarde se graduó en Matemáticas aplicadas a la Economía. Las facilidades para compaginar estudios y competición le permitieron, por ejemplo, participar en los Juegos Olímpicos de 1984. <<Fue como competir en casa, aunque era en las piscinas de la universidad rival. En todo caso, una experiencia muy buena>>, rememora Juan Enrique, que acabó décimo en los 400.
El nadador palmesano acumuló plusmarcas -cinco años fue el mejor español en 400- y buenos resultados, pero el desgaste se acercó y en 1988 llegó lo que él llama <<la diarrea mental>>. <<No logré la mínima para Seúl y lo dejé>>, indica. Después de diez años en Estados Unidos, regresó a Palma con un Máster en Dirección de Empresas bajo el brazo. Trabajó en la Federación Balear de Natación, así como en diferentes empresas. Y ahora quiere ser de nuevo pionero, lanzando un portal de venta de alojamiento hotelero llamado reserva123.com
Roberto Díez Yagüe (El Mundo)
Categoria: prensa | Tags: Tags: Juegos Olímpicos, piscina,
Social Links